8 de enero de 2014

El Vagón de las Mujeres de Anita Nair

El vagón de las mujeres.


En la India, ese subcontinente que iba a la deriva hasta colisionar con Asia y provocar la cadena montañosa mas grande del mundo, famoso también por su red ferroviaria, seis mujeres indias coinciden en un vagón litera. Akhila, la protagonista, con la confianza que inspira a veces hablar con gente desconocida con la que es probable que no te vuelvas a encontrar, lanza al viento la pregunta : ¿Puede una mujer arreglárselas sola? Y el resto de las pasajeras responden por turnos:

Mi marido y yo llevamos casados cuarenta años. Es mucho tiempo para una pareja. ¿Cómo podría decirte lo qué es que una mujer viva sola? responde la anciana Janaki.

Sheela de quince años, ha pasado de ser una niña vivaracha a una mujer insolente y ha cometido el pecado de peinar, maquillar y perfumar el cadáver de su orgullosa abuela. ¿Qué tiene que ver esto con el problema que plantea Akhila? No se sabe muy bien, porque las historias no están muy bien ligadas unas con otras. La autora toma seis relatos protagonizados por mujeres indias las pone juntas en un vagón de tren y articula una novela en torno a la indecisión de una de ellas.

Luego está Margaret, una profesora de química que se casa por amor, que poco después aborta coaccionada y que es sometida a sútiles y constantes humillaciones por el cretino de su marido. Una mujer que ve a las personas y las relaciones personales como compuestos y reacciones químicas al estilo de Virginia Woolf que veía a personas y personajes como animales. Una se espera que va a utilizar sus conocimientos científicos para envenenar a su esposo o por lo menos que se va a divorciar, pero en vez de eso lo ceba y lo envía a una clínica de adelgazamiento.

También está Prabha Devi que encuentra en la ingravidez y la caricia del agua al sumergirse una sensación placentera y placentaria.

Y por último estaba Marikolanthu una joven misteriosa, un sucedáneo, lo más parecido a lo auténtico.

Akhila, una funcionaria económicamente independiente, con el único “hándicap” de la edad, finalmente decide que para asumir el control de su vida no es suficiente con saltarse los tabúes gastronómicos de su casta o dejarse meter mano en el transporte público, ahora va a fornicar con un desconocido y llamar, con no se sabe qué propósito, a aquel antiguo amante al que rompió el corazón: –Ring, ring , –¿Quién es?, –Soy yo, Akhila. –¡Ah! ¡Qué sorpresa! ¿Y cuál es el motivo de tu llamada? –Nada, que como hoy es el primer día del resto de mi vida y tal, pues quería atar cabos sueltos y eso.

Al principio me temía que fuera un libro excesivo en su crudeza como Mil soles esplendidos, pero afortunadamente no es así. No hay violaciones múltiples como esas que han provocado una gran alarma social en la India, aunque si hay una violación simple, cometida por alguien del entorno de la víctima, no denunciada, no castigada, con el resultado de una niña embarazada que quiere abortar y no la dejan. Tampoco hay en esta historia mujeres que se arrojan a las piras funerarias de sus maridos al enviudar como en La vuelta al mundo en 80 días o en su versión infantil La vuelta al mundo de Wili Fog. Pero si hay una mujer que al morir su marido pierde también su fuente de ingresos, su estatus social y queda descastada hasta el punto de verse obligada a prostituir a su hija mayor. Y tampoco me han parecido tantas las diferencias con respecto a nuestra cultura: los matrimonios concertados, el incesto, el sistema de castas son temas casi anecdóticos en el libro que también habla de temas universales y atemporales: hijos o abortos no deseados, agresiones sexuales, la soltería vista como una tara, represión sexual, pobres de cuna o nuevas pobres, mujeres que se casan para prosperar, porque es lo que toca o para huir del domicilio familiar, o que renuncian. No hay que buscar muy lejos para encontrar mujeres que reúnen alguna o varias de estas circunstancias.

Al final la autora nos regala un recetario estupendo de los platos indios que aparecen mencionados a lo largo del libro y en los que los ingredientes que más se repiten son el arroz seguido muy de cerca por las lentejas que se pueden preparar de mil maneras distintas. En cambio en nuestra gastronomía da igual de lo que vayan acompañadas (zanahorias, guisantes, arroz, chorizo, oreja, tocino, panceta, fréjoles, setas, algas… ¿habrá alguien que las prepare con pescado?) un plato que tenga lentejas siempre recibe el mismo nombre: plato de lentejas. Guiso que por tener el mismo color que las heces y la misma consistencia que el vómito puede provocar rechazo en los niños ¿Quién no ha caído alguna vez en la trampa de creer eso de que podías dejarlas si no las querías? Y cuando ya se habían enfriado y espesado cambiaban el discurso a Lentejas: no las has comido, pues ya sabes lo que tienes de cena.

También aprovecho para agradecer a Agar Martí, maestra de Yoga Acharya , meditación y monitora de Danza Bollywood por prestarnos su preciado sari para hacer nuestra reunión un poco más performántica. De ir envuelta media mañana en él he sacado la conclusión de que es una prenda preciosa y muy elegante pero incómoda y condicionante a más no poder a la hora de dar una zancada, de subir escaleras, de agacharte, todo el rato colocándote, sujetando la tela según va cambiando la dirección del viento porque se cae de aquí o se infla de allá ¿Lo vestirán a diario para trabajar? Intentaré enterarme en la exposición que estará en la Casa de la India hasta el 24 de enero titulada "SARI. LA MAGIA DE LOS TEJIDOS INDIOS" Este es un enlace al Centro de Yoga de Agar y este otro a la exposición.

Sobre el Sari se dice en el libro:

Servía de pañuelo para la cabeza cuando el sol ardía. De capucha cuando quedaba atrapada bajo la lluvia. Un margen de decoro cuando se quería evitar la penetrante mirada de alguien. Luego estaban sus extremos. Para secarse las lágrimas; para enjugar el sudor de la frente; para doblarlos o juntarlos o enrollarlos haciendo una pelota, algo que las manos puedan agarrar en momentos embarazosos.

Y sobre todo lo demás:

Su relación había pasado a otro plano. Aquí les aplastaban los silencios, cargados con sentimientos no pronunciados. Una mirada fortuita iba repleta de múltiples significados e, incluso, un simple roce de las manos encendía violentos fuegos. Estimulando y lanzando pequeñas chispas que quemaban toda razón; tócame, abrázame, hazme el amor…

«¿Dónde he estado todo este tiempo?», se preguntó a sí misma. Al principio, tranquila, tímidamente, luego con furia. ¿Qué estaba haciendo todo este tiempo?

Durante toda su vida de casada, se había preguntado qué pasaría si le hiciera saber a Jagdeesh que quería hacer el amor. ¿Sentiría él repulsa por la desnudez de su apetito? ¿Se daría la vuelta? ¿Perdería el respeto por ella? Pero había descubierto que el deseo enciende el deseo; la satisfacción engendra satisfacción. Un beso por un beso. Una caricia por una caricia. Lo que uno da vuelve multiplicado.

Lentamente, empezó a llenar cada pensamiento y momento de consciencia de Akhila. Se detenía a la mitad de lo que estuviera haciendo, recordaba una broma idiota que él había hecho, y se reía. Una valla publicitaria le hacía pensar en una frase que él había utilizado una vez. Observaba a su madre chasquear los nudillos y pensaba en cómo eso era lo primero que hacía después de ocupar su asiento. Hojeaba una revista y la expresión de un modelo le recordaba a él. La sonrisa de un desconocido le recordaba cómo se le arrugaban los ojos cuando sonreía…

Recordó el sueño y se ruborizó. Deslizó una mano por el pecho. Tenía los pezones duros. «¿Cómo puedo tener sueños así?»

¿Cómo puedo yo, que no he pasado ni una semana separada de mi familia, sobrevivir a un futuro de soledad? ¿Yo qué sé cómo se lleva una casa? ¿Qué haré si me pongo enferma? ¿A quién recurriré? ¿Qué sé yo de la vida?

Mejor enséñela a tragarse las palabras, enséñela a proferir cosas agradables, bonitas e inocuas. Mate su espíritu y domestique su lengua. Para que cuando crezca no se encuentre como yo, preguntándome qué es lo que he dicho de malo o qué disparate voy a decir la próxima vez que abra la boca.

Y  a continuación un blog y una canción antipatriarcal:




¡Hasta Pronto!

3 comentarios:

  1. un libro muy interesante, te ayuda a conocer la triste vida de las mujeres de la india. Merece la pena leerle..Isa

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  2. Un libro , muy intreresante, nos ayuda a conocer la vida de las mujeres de la India, me ha encantado todas vuestras aportaciones y la ocurrencia de Nerea de vestirse con el Sari, muchas gracias a todas por lo que bien que lo pasamos.Isa

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